martes, 30 de agosto de 2016

Críticas

Dicen que está muy bien que hablen de uno aunque sea mal. Tomar la bofetada como elogio, además de un buen ejercicio de autocontrol, dignifica al abofeteado de alguna manera. Hay que aceptar la crítica, aunque no sea constructiva y detrás de las palabras exista un colmillo retorcido clavándose en lo más profundo de la carne.

Bueno, esto en teoría, porque la realidad es otra, y aunque el rostro parezca impasible ante unas frases que aguijonean la lógica, todos tenemos un "corazoncito" que sufre en silencio el flajelo cruel de quien no pone sino mala fe en su oficio, que más bien parece el del verdugo.

A veces uno hace un trabajo del que se siente especialmente orgulloso, y hablo de la edición de un libro. Un trabajo en el que, además de dinero y esfuerzo, se deposita toda la ilusión y mucho, muchísimo tiempo. Entonces, cuando los elogios llueven por todos sitios ante el resultado esperado, salta, como una garrapata sobre la piel inocente, la aguda crítica disfrazada de bondad: todo un desfile de buenas palabras para el autor y para la obra durante varios párrafos y, al final, cuando parece que se ha superado la prueba de fuego, llega la bofetada en dos o tres frases.

Una bofetada de esas a traición, como sin querer, escudándose en la opinión personal, en el "para mí mejor hubiera sido que...", hasta llegar a desarmar la edición salvando, eso sí, obra y autor. Nace en mi cabeza la pregunta que me gustaría plantear: ¿Qué hubiera sido de esa obra si no se hubiera apostado por su edición? Tal vez nunca hubiera estado en las manos teñidas de odio que, después de todo, han pasado sus páginas con cierto placer, porque no hubiera existido más que en ese cajón donde los escritores guardan lo inédito.

Lejos de valorar otras cuestiones personales, me planteo también cómo criticar al crítico cuando uno conoce la injusticia de sus palabras, cuando sabe que detrás de su máscara de hormigón hay un nido de frustraciones personales que le piden carnaza. Después de todo, creo que llegado a este punto, es mejor mantenerse en silencio, creer en el trabajo realizado y hacer bandera de ese principio que dice que es mejor que hablen de uno aunque sea mal.