domingo, 5 de septiembre de 2010

Pregones en el desierto


El hombre se empeñaba en mostrarnos su arte. No teníamos ningún interés y nos largamos a la primera oportunidad.
Llegó la noche y en la soledad de mi cuarto, me miré al espejo y pude apreciar en mis ojos la mirada enloquecida de aquel individuo.

Víctor Manuel Jiménez Andrada

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