viernes, 20 de abril de 2018

La ratita presumida

Muestra un lazo de papel
atado a la cola
y veinte pares de ojos lamen
la estela virgen de su piel.

Se deja acariciar
por la sonrisa afilada
de un gato perverso,
mientras contempla a cien elefantes
sobre la tela de una araña.

Las promesas se precipitan
al balde de aguas fecales
cuando la música
de las monedas
taladra el momento de duda
y la arrastra al sol que más alumbra.

Antes de que la noche reine
le arrancarán el lacito,
se comerán sus sueños de almíbar
y será otra muerta
que vivirá en las esquinas.

domingo, 15 de abril de 2018

Ecosistema mínimo (XVI)

Tanto tiempo sin ese trémulo aleteo que ahora me araña. Has tenido que ser tú la que me resucite del letargo de años. Ha tenido que ser en este lugar tan apartado del hormigón que conmueve. Conozco la palabra exacta, pero callaré para conservar mi naturaleza de sombra.

viernes, 30 de marzo de 2018

Ecosistema mínimo (XXV)

Es esta alegría la que amamanta al verso con su leche de nácar, la que salpica los días venideros en la aridez de las agendas, la que conservaré para siempre, cuando todo haya pasado, en un frasco con ramas de canela. Son tus labios ungidos por la brisa húmeda los que tanto me provocan.

domingo, 25 de marzo de 2018

Ya no me conoce nadie

“A casa, niños, a casa, que viene por la calle el hombre del saco.”

Y el hombre, con sus recuerdos a la espalda, se extraña de las ausencias.
No hay un solo rostro de las fotografías viejas, ni lápidas conmemorativas en las esquinas de los barrios que un día fueron arrabales.

Nada es igual para el extranjero que retorna.

Los cadáveres de los días arañan los cristales, como almas ahogadas en el Aqueronte, cuando lo ven deambular por la plaza.

Nada es igual ante sus pupilas.

jueves, 15 de marzo de 2018

Ecosistema mínimo (XXIV)

La belleza viene a enhebrar la aguja con la que se cosen mis sueños. Solo tu nombre escrito sobre la arena es suficiente para levantar la tempestad que me envuelve. Abro los ojos. No es un retorno, porque en realidad nunca me he marchado de aquí. Sobre una piedra oteas el horizonte azul. Sonríes y sonrío. Aunque el regalo no va dirigido a mí, me lo apropio. Nada me da más placer que robarte gestos sin que tú lo sepas.