martes, 10 de abril de 2012

Mejor no tener cimientos

Un edificio se construye sobre unos cimientos que jamás se mueven. Si eso llegara a ocurrir, estaríamos ante un temblor de tierra o un terremoto, lo que significaría que el edificio tendría muchas posibilidades de sufrir graves daños y, en el peor de los casos, que se viniera al suelo. No hace falta contar las devastadoras consecuencias de un terremoto de intensidad, porque en nuestra memoria conservamos imágenes muy recientes de este tipo de catástrofes naturales.

Hace muchos años yo era de los que pensaba que la vida se asentaba sobre apoyos firmes e inamovibles y que sobre ellos tendría que construir mi “hogar”, es decir, mi existencia y el día a día. Pero el tiempo ha transcurrido y he aprendido que los pilares que creí firmes, se han movido bajo mis pies. Sin embargo, ni he sufrido daños de gravedad ni me he derrumbado.

Esto me lleva a una conclusión: o los temblores de tierra que he padecido no han sido lo suficientemente fuertes o mi hogar no está sustentado sobre columnas, sino que habito en una autocaravana, que si bien puede parecer más incómoda o más pequeña que otro tipo de casa, es mucho más divertida y ligera, además de permitir una movilidad extraordinaria.

Aunque parezca extraño, he ido madurando esta forma de pensar con el paso de los años. La experiencia me ha enseñado que en el día a día no hay cimientos firmes en los que enraizarse y cualquier intento de buscarlos queda reducido al fracaso más notable o a la condena de unas cadenas terribles, porque después de todo, el que se ata a algo firme, está construyéndose una prisión de la que luego será muy doloroso y complicado escapar.

Viendo cómo están las cosas, prefiero seguir recorriendo la vida en este vehículo. Me siento muy a gusto y así he conseguido afrontar una serie de situaciones complicadas o raras y he logrado salir de encrucijadas oscuras con bastante holgura y sin demasiados rasguños.

Cuando se viaja de esta manera, se puede huir de las borrascas, de los huracanes, del frío, de la sequía y de otros azotes de los elementos, mientras que cuando se habita en un edificio bien agarrado a la tierra, no queda más remedio que aguantar lo que va llegando y cruzar los dedos para que en una de esas no se venga todo abajo con nosotros dentro.

En definitiva, una autocaravana puede estar mucho tiempo aparcada en el mismo sitio, anclada en el mismo rincón del mundo, pero siempre tendrá el depósito lleno para recorrer nuevos caminos en un momento dado.


Víctor Manuel Jiménez Andrada
publicado en Cáceres en tu mano. 2/2/2012

1 comentario:

alfonso dijo...

Discrepo cordialmente cuñao:

Primero porque los cimientos de un edificio si pueden moverse, entre varios milímetros y pocos centímetros, dependiendo del terreno; estando estos llamados "asientos" siempre calculados en los proyectos y estudios geotécnicos (que no se alarme nadie).

Segundo porque si alguien tiene unos buenos cimientos para resistir las turbulencias actuales son gente como tu, que por supuesto te lo has ganado a pulso, faltaría mas...

Por lo demás felicitarte por el relato, como siempre.

P.D. De vez en cuando me gusta tocar los.... :-)