domingo, 6 de mayo de 2012

Elegir

Hay muchas ocasiones en la vida en las que es complicado decantarse por una postura determinada. Elegir un camino condiciona y más cuando uno titubea en la encrucijada, sobre todo si los argumentos de las partes enfrentadas tienen razón. ¿Puede ser algo blanco y negro a la vez? Si entendemos la verdad como relativa, sí.
Me parece que a mi edad, tengo las ideas asentadas, pero sobre esa base más o menos fuerte, se construyen torres de cristal que amenazan con desmoronarse con la brisa más leve.
Hace mucho tiempo —tendría yo unos veinte años—, creía tener unos principios sólidos, asentados sobre rocas firmes. Veía a mi alrededor a mucha gente perdida, sin ese faro que marca con claridad el rumbo a seguir en las noches más cerradas. Pensaba que tenía suerte porque no era como esos pobres naúfragos que buscaban en mitad de la nada un tablón al que agarrarse. Estaba contento con mi forma vivir. Pero habitaba entonces en una isla y no lo sabía. Mi mundo estaba separado de los otros y sin se consciente, había construído mis pilares en terreno volcánico.
Lo que ocurrió después, cualquiera se lo puede imaginar. Primero fue un temblor de tierra, suave, casi inapreciable, luego un latigazo y al final, la temida erupción que arrancó de raiz mis cimientos.
Por eso digo que es tan complicado elegir, porque los principios en los que se fundamenta el pensamiento pueden cambiar con un movimiento bajo los pies. Nadie está exento de esto y de hecho, vemos ejemplos a nuestro alrededor cada día.
Esta reflexión viene a cuento porque he llegado a la siguiente conclusión: me cuesta adoptar una postura determinada. Hay momentos, en los que con toda rotundidad, señalo mi preferencia, pero hay otras muchas veces, en las que no sé por dónde ir. Entonces me siento molesto, porque no solo pienso en mí, sino en lo que los demás pensarán y ahí está mi verdadero dilema y mi error.

Víctor M. Jiménez Andrada
Publicado en Cáceres en tu mano, 26/03/2012

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