domingo, 20 de enero de 2013

Dulzura

  
Envolvió su piel en lencería de seda y se puso guantes, quizás para no dejar huellas. Se ofreció a su amante como un delicioso pastel. El hombre solo tuvo que retirar el fino tejido de los hombros para descubrir el manjar que se le ofrecía. Cuando percibió el efecto del veneno, ya no hubo remedio.
 
Víctor M. Jiménez Andrada.-
Publicado en AVP 3/12/2012
Fuente imagen: http://www.disappointedvirginity.com/gallery5.html

1 comentario:

Alfonso Carabias dijo...

Buen relato cuñao.

Es lo que tiene caer en la tentacion...

Un saludo.