lunes, 10 de mayo de 2021

Valor

    Al héroe le flaquearon las piernas cuando le sacaron al patio para fusilarlo. Se orinó encima al cubrirle el rostro con una capucha negra. Gimió, lloró y pidió clemencia a gritos antes de que se oyera la orden fatal. Nada de esto se recogió en el parte de aquel día, que se cerró con la frase tantas veces repetida: «El condenado ha fallecido con valentía y honor».
    El sargento y los soldados que formaban el pelotón conocían el rosto de la muerte y el roce helado de sus dedos alrededor del cuello. Nadie se atrevía a jactarse ante un trance así. Con los tiempos que corrían, cualquiera podía ser el siguiente.

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