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El afilador

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Una vez al mes la calle se llenaba del sonido del chiflo que tocaba con gracia el viejo afilador. Empujaba su bicicleta oxidada sobre el pavimento recién regado.  Esto sucedía antes de que abrieran las tiendas, incluso antes de que los panaderos comenzaran su reparto diario. A las puertas y ventanas de las viviendas asomaban cabezas curiosas. Un nerviosismo creciente se esparcía como el humo. Todos querían ser los primeros y comenzaban las carreras inevitables. En unos minutos, una legión de chiquillos seguía los pasos lentos del afilador. No querían perderse el espectáculo antes de ir a la escuela. Después el hombre llegaba a la plaza y sujetaba la bicicleta. Hacía sonar su chiflo un par de veces más, por si quedaba algún despistado que desconociera su presencia. El eco de las notas rebotaba en las fachadas y penetraba en los oídos.  Hombres, mujeres y niños formaban una larga cola. Esperaban pacientes a que el maestro del tradicional oficio atendiera sus encargos. Nadie rega...

Balas

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Somos la munición que alimenta las avaricias. Balas ciegas en batallas ajenas. Aspiramos a explotar algún día en las manos usurpadoras. Es suicida nuestro consuelo. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Alexander Lesnitsky en Pixabay

Necrófago o canción para un coche fúnebre

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Paso junto a sus fauces abiertas. Vislumbro sus entrañas asépticas, metalizadas. Duerme con placidez, mientras espera su alimento. Su presencia siempre repele las caricias de las miradas; pero es inevitable, imprescindible. He aprendido a aceptarlo con cierta indiferencia y un gesto amable en la tramoya. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Ian en Pixabay

Cinco euros

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Sales con cinco euros en el bolsillo porque después del trabajo irás a correr. Ni necesitas dinero ni te gusta llevar demasiado encima. No sabes que ese billete va a salvar a un viejo camarada. O al menos eso te ha dicho él cuando le has entregado sin dudarlo todo tu capital. Le has visto junto al escaparate de una lencería del centro. Tenía la mirada perdida en un antiguo teléfono móvil que en vano trataba de encender. «Estoy mal, intento llamar a un colega para que me deje algo de pasta, pero no hay forma», te ha dicho cuando le has preguntado por la vida y por esas cosas que se preguntan por cortesía, que siempre se resuelve con un «bien» o «tirando» que deja satisfechos al encuestador y al encuestado. Sin embargo, no te sorprende su respuesta. Intuyes que las cosas se le han torcido y recibes la sinceridad como un regalo en mitad de la tormenta de hipocresía diaria. En el acto de entregar el dinero no has visto caridad, ni solidaridad, ni nada de eso. Sabes perfectamente que no los...

Tiempo limitado

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Prometimos amarnos con fecha de caducidad (o al menos eso fue lo convenido). Éramos tan valientes como ignorantes. Pretendíamos demostrar que el sabor de la primavera nunca llega al otoño. Del balance de las heridas que aún supuran mejor no hablamos. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Silvia en Pixabay

Un oficio sospechoso

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Nunca tuvo muy claro a qué se dedicaba su padre. Él hablaba de «sus negocios» en un tono enigmático. Jamás se le ocurrió preguntarle, pero siempre le pareció sospechoso que a diario saliera a atender esos asuntos a partir de las diez de la noche.  El niño se levantaba para ir al colegio. Si había suerte, se cruzaba con él, que en esos momentos regresaba al hogar. Su madre le servía la cena en la cocina, mientras el chico tomaba leche con magdalenas para desayunar. Apenas hablaban. Después, el hombre se retiraba al dormitorio; el muchacho cargaba con la mochila y ponía rumbo a la escuela.  Cuando fue un poco más mayor, empezó a leer novelas y a ver películas de policías y ladrones. Entonces lo tuvo claro: su padre era un gánster.  Durante esa temporada lo admiró como nunca. Aquel hombre taciturno habitaba en el peligro y se ganaba la vida al margen de la ley.  No fue hasta su adolescencia cuando se atrevió a preguntarle a su madre. «Empleado del servicio municipal de ...

Off

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No comprendo el deleite que provoca cuando defeca. Los residuos penetran en los sesos y se extienden como una enfermedad. Luego las bocas vomitan la basura digerida y así se comparte en ciclo infinito. Pero huir es tan fácil como pulsar el botón OFF. ¿Estamos preparados? Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Rafael Zenatti Zenatti en Pixabay