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Titiriteros

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Un café solo, bien cargado. Salón de actos: tecnología punta. Formación excelente (o se supone). Soledad del artista, la presencia impecable. Pantalla inmensa. Luz y micrófono. Transmisión en directo. Monólogo brillante, audiencia aborregada. ¿Alguna duda? Nadie pregunta. Mil imágenes más... Alguien cabecea (no importa). Termina. Aplausos, aplausos, aplausos. Fin de jornada. Recoge bártulos. El público se marcha con sus hilos de marioneta en las extremidades. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Alex Yomare en Pixabay

El bocazas

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No puedo evitarlo. Noto cómo me sube el calor y los latidos del corazón se aceleran, impulsados por unos nervios sin control. Entonces abro mucho la boca para escupir sapos y culebras. Una vez que comienzo, no puedo detenerme. En el mejor de los casos, todo pasa en unos minutos y vuelvo a mi estado original y apacible. En el peor de los casos, de tanto abrir la boca, termino por tragarme toda la ponzoña que suelta mi interlocutor alentado por mi naturaleza de víbora. Luego vuelvo a mi casa con dolor de estómago y de cabeza. A la indigestión propia de reptiles, tengo que sumar los ajenos. Así me condeno a una noche de sudores y pesadillas aderezada con la voz martilleante de mi conciencia que me susurra sin cesar: «¿Por qué eres tan bocazas, compañero?». Microrrelato del libro  Tornillería surtida   (descargar obra completa) . Imagen de GemmaRay23 en Pixabay

Absurdo

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Tus manos infantiles jugaban con pinturas. Manchabas la pared con colores absurdos y vibrantes, pequeño corazón de artista. La imagen no es más que un rescoldo humeante de otra época. Hoy, tu sangre vertida pigmenta la misma pared de forma absurda, mientras una sábana compasiva cubre los restos de lo que no serás. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de MoscowMoms en Pixabay

Sin querer

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 Yo no lo quería matar, ya lo sabes. Ha sido un accidente. Solo pretendía que no se metiera debajo del mueble. No por nada, sino porque si se quedaba allí encerrado podía morir de hambre. Y mira, intentando su bien me lo he cargado. Cómo iba a pensar que el palo con el que quise auxiliarlo tenía una púa atravesada. También ha sido mala suerte, coincidencias terribles que hacen que las cosas terminen en tragedia. Vi que algo iba mal cuando se encogió y lanzó ese chillido agónico que me hizo estremecer. Se retorció varias veces antes de quedarse rígido. Y lo peor del asunto es que el niño lo ha visto todo. Ahora no me habla y me mira con verdadero pánico, como si fuera un monstruo. Microrrelato del libro Tornillería surtida (descargar obra completa) . Imagen de Pixabay

El desertor

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Me arrepiento del oficio de catalogador de almas, que con tan mala fortuna ejercí. Cuando paso junto a la puerta del negocio y los veo cuchichear en voz baja, un terrible escalofrío me recorre. Sé que me han clasificado y pronto me lo harán saber. Quedaré para siempre atrapado en el mismo rincón del infame archivo, pero ya no tengo miedo. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Anna en Pixabay

Valor

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 Al héroe le flaquearon las piernas cuando le sacaron al patio para fusilarlo. Se orinó encima al cubrirle el rostro con una capucha negra. Gimió, lloró y pidió clemencia a gritos antes de que se oyera la orden fatal. Nada de esto se recogió en el parte de aquel día, que se cerró con la frase tantas veces repetida: «El condenado ha fallecido con valentía y honor».  El sargento y los soldados que formaban el pelotón conocían el rostro de la muerte y el roce helado de sus dedos. Nadie se atrevía a jactarse ante un trance así. Con los tiempos que corrían, cualquiera podía ser el siguiente. Microrrelato del libro  Tornillería surtida   (descargar obra completa) . Imagen de Republica en Pixabay

No fui a la fiesta

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Huí de las sonrisas, de los aplausos y del susurro de su voz. Me aparté de las caricias doradas y de toda promesa. Abandoné los sueños de las alforjas llenas. Feliz, me agazapé en mi madriguera. Aprendí que en sus fiestas marcaban con hierros candentes la piel incauta de los corazones. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Pia Nyström en Pixabay