Cinco euros
Sales con cinco euros en el bolsillo porque después del trabajo irás a correr. Ni necesitas dinero ni te gusta llevar demasiado encima. No sabes que ese billete va a salvar a un viejo camarada. O al menos eso te ha dicho él cuando le has entregado sin dudarlo todo tu capital. Le has visto junto al escaparate de una lencería del centro. Tenía la mirada perdida en un antiguo teléfono móvil que en vano trataba de encender. «Estoy mal, intento llamar a un colega para que me deje algo de pasta, pero no hay forma», te ha dicho cuando le has preguntado por la vida y por esas cosas que se preguntan por cortesía, que siempre se resuelve con un «bien» o «tirando» que deja satisfechos al encuestador y al encuestado. Sin embargo, no te sorprende su respuesta. Intuyes que las cosas se le han torcido y recibes la sinceridad como un regalo en mitad de la tormenta de hipocresía diaria. En el acto de entregar el dinero no has visto caridad, ni solidaridad, ni nada de eso. Sabes perfectamente que no los...