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Hablar por hablar

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Las palabras se esparcen por mis labios impertinentes. Los diques no contienen el chapapote venenoso. Cuando pasa la tempestad, mis pies se clavan en el fango en mitad de un hosco paisaje. No sé dónde guardar tanto arrepentimiento. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Engin Akyurt en Pixabay

Las artes de Judas

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No pronuncies palabras tibias si tu intención busca mi mal. Ni me abraces con plácida ternura, ni me beses, no sea que confunda el día con la noche. Sé que con tus lisonjas se fabrican las sogas de patíbulos.          Me lo dijo el tendero de la bruma                                 y él nunca miente.   Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Steve Norris en Pixabay

La fe

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Anhelo la arena del mar. Tan solo unos granos ridículos se adhieren a mis manos. A esto le llamo fe. Me pregunto cómo puede caber tanto significado en un sencillo monosílabo. Tal vez esto sea el milagro y no el danzar de los planetas. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Jimmy Jimmy en Pixabay

Noche de Reyes

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Cuando el reloj del salón marcó las once y media de la noche, entendió que las niñas debían estar dormidas. Se levantó del sofá y amortiguó sus pasos lo mejor que pudo. La mujer le siguió con sigilo, abrió la puerta principal y le besó. El hombre cruzó el umbral de puntillas y luego cerró con un leve crujido. Encontró el interruptor de la luz a tientas. Al accionarlo, tuvo que parpadear un rato porque sus ojos se habían acostumbrado a la penumbra. Pulsó el botón del ascensor. En pocos segundos la puerta metálica se deslizó con suavidad. Introdujo la llave en el panel de control para descender al semisótano donde se encontraban el garaje y los trasteros. El ascensor llegó a su destino. Frente a él apareció la puerta de chapa amarilla que daba acceso a los bajos del edificio. Desde el garaje al interior solo se podía entrar con llave. La iluminación era escasa. Había varios tubos fluorescentes averiados, además del parpadeo molesto de los que se situaban sobre la entrada. El garaje estab...

Malos tiempos

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(1) Para ser sinceros, corren malos tiempos para ser sinceros. (2) Compramos humo con la plata ajena,  mientras duermen inertes las conciencias. (3) Predicamos pobreza y vestimos túnicas de oro desde épocas remotas. (4) Las hienas muerden a la ternera agonizante:           no movemos un dedo. ¿Para qué salpicarnos con la sangre del otro si está tan lejos? (5) La abundancia de pan entumece las piernas y produce ceguera.  Dulce idiotez que nos abraza. (6) El huevo podrido también viste cascarón blanco.  (7) Llueve y nace tristeza en el lecho de la esperanza. Al menos huele a tierra mojada.  (8) Para ser sinceros, corren malos tiempos para ser sinceros. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) .   Imagen de Belinda Cave en Pixabay

Barquitos de papel o el oficio de escribir

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En mi cuarto fabrico pequeños barcos de papel.  Los entrego al estómago de un mar plagado de huracanes.  Antes de navegar las olas los devoran.  Aunque el negocio es una ruina,  invierto cada célula en el lamentable astillero. Poema del libro Malos tiempos para ser sinceros (descargar obra completa) . Imagen de Pexels en Pixabay

¿Te interesa el porvenir?

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Aunque nunca lo hubiera reconocido, siempre condicionó su vida a aquella predicción que una pitonisa de feria le hizo. Sucedió cuando aún era adolescente, en el interior de una barraca sucia que olía a orín de gato y a miseria. «Las cartas están muy claras», le dijo, «desearás ver siempre más allá del hoy. El futuro te quitará el sueño».  Él la creyó, a pesar de que sabía que se encontraba frente a una charlatana capaz de disparar por su boca desdentada cualquier barbaridad con tal de pescar un puñado de monedas. Desde entonces no dejó de consultar a los adivinos que vendían sus servicios a altas horas de la madrugada a través del teléfono. Los anuncios de televisión, tan coloridos como horteras, prometían justo lo que él iba buscando. Se dejaba cada mes una pequeña fortuna para escuchar pronósticos contradictorios.  Pasó el tiempo sin otra distracción que la de tratar de adelantarse a aquello que aún estaba por suceder. «Para estar preparado», se decía.  Tanto fue así, q...