martes, 25 de enero de 2022

Las dudosas virtudes de soñar

Una diosa de belleza sublime los bendecía bajo un cielo despejado de incertidumbres. Ellos, en el centro de un huerto preñado de aromas, mordían la carne inagotable de las frutas más deliciosas, mientras sonaba una música que no podía haber compuesto ningún ser humano: solo los ángeles sabían interpretar aquella partitura escrita en el fondo de un lago transparente.

Les gustaba soñar con una vida mejor. No corrían buenos tiempos y con eso aliviaban un poco el peso de una existencia miserable que los había arrastrado por los caminos de la infamia. Pero para soñar debían tener los párpados cerrados y nunca llegaron a conocer las maravillas que alguna vez acontecían frente a sus ojos inútiles: el brillo fugaz de la realidad palpable o la esperanza que asomaba detrás de las tapias ocres del dolor.

Cuando un día decidieron despertar, tal vez alentados por el canto fugaz de un pájaro, solo consiguieron ver cómo se perdía en el horizonte el contorno del último tren. Entonces no les quedó otro consuelo que cerrar los ojos para volver a soñar.

sábado, 15 de enero de 2022

La magia de la geometría

Caminamos, volvemos al principio
tras recorrer el laberinto:
ecosistema cíclico
que nos sostiene.
 
«Polvo eres...»,
predica el libro sagrado
del Génesis.

Sin embargo, no hay retorno
al minuto que muere
   {nos movemos en un binomio
   espacio/tiempo irrepetible}.

Caminamos tal vez en círculo
o a ningún lugar
o al principio↔fin.
Poco importa, después de todo.

lunes, 10 de enero de 2022

Práctica de anatomía

—¿Qué cara quieres que tenga? ¿No ves que estoy muerta? —dijo la vieja.
 
Eran sus primeras prácticas de la asignatura de Anatomía y lo pasaba mal. Creía oír las voces de los cadáveres. Le hubiera gustado comentarlo con alguno de sus compañeros, pero no se atrevió por miedo a que se rieran de él. Dos meses después, cuando ya había superado aquellos malos tragos, una bala perdida en un tiroteo entre unos delincuentes terminó con su vida.
 
***
 
—Claro que soy joven, estudiaba primero de Medicina cuando la palmé y ahora no veas lo que me aburro sumergido todo el día en este tanque de formol. Al menos, durante unas horas venís a visitarme...
 
La muchacha pensó que estaba loca. Cada vez que iba a la sala de cadáveres para las prácticas, aquel chico parecía comunicarse con ella de alguna manera.
 
—Eso nos pasa a todos al principio —le dijo el profesor cuando le expuso su problema—. Luego nos acostumbramos y solo atendemos a las voces de los vivos.

 

jueves, 30 de diciembre de 2021

La subida siempre es difícil

La tierra se eleva vanidosa
y en lo más alto se viste
de enaguas blancas.
 
La cumbre se muestra esquiva,
pero un sendero nos dice
que no seremos los primeros
ni seremos los últimos.

Pasos lentos, constantes,
como vaivén de péndulo,
hasta alcanzar la cima.
 
Desde allí nos veremos
rodeados de las montañas
grandes y orgullosas
y seremos minúsculos
      (más todavía).

lunes, 27 de diciembre de 2021

La polilla

Una polilla entró por la ventana de su habitación. Revoloteó sin rumbo y cayó muerta en el suelo, igual que si hubiera sido fulminada por un rayo invisible. La tomó por las alas conmovido y pretendió acunarla sobre la palma de la mano. Observó con ternura el cuerpo inerte mientras pensaba en los caprichos del destino. Se asomó a la ventana, necesitaba un poco de aire fresco. La desoladora imagen del patio de luz le abofeteó: aquellas paredes derramaban grises sin pudor. Se retiró a la cama, se tumbó como si le hubieran abatido. Un dolor intermitente se apoderó de sus sienes y le nubló el ánimo. Colocó la polilla sobre el pecho y clavó la mirada en el póster desvaído del Malecón de la Habana. Así se quedó dormido.
 
Lo despertó el sonido del teléfono. Las noticias eran terribles, debía regresar inmediatamente. Recogió sus pocas pertenencias en una mochila, saldó las cuentas del alquiler y empleó los últimos ahorros para el billete de avión. No se despidió de nadie, porque no había nadie de quien despedirse. En el aeropuerto, antes de embarcar, procuró sacudirse bien los zapatos para no llevarse nada de recuerdo de aquellos seis años, salvo la pequeña polilla, que yacía en una cajita de cerillas al fondo de la mochila.