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Tanta belleza
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Con los primeros rayos del sol, que marcaban el preludio de la primavera, se vistió con colores vivos y decidió desterrar el gris invernal. Al principio pasó desapercibida, como una más. Poco a poco fue destacando del resto. Los que caminaban junto a ella admiraban su gracia. Algunos atrevidos, con cierto descaro, se aproximaban tanto que casi la rozaban. Así conseguían robar una bocanada del perfume fresco de su piel. A ella le agradaban aquellos juegos, le parecían divertidos. Nunca había soñado atraer así, con ese don mágico y natural. Pasaron los días y, en el ecuador de la estación, aparecía más hermosa y deseable que nunca. Pero una mañana no se la volvió a ver. Nadie supo explicar la ausencia, aunque hubo muchas especulaciones. Comentaron algunos que fue la envidia, otros que una mente perversa se encaprichó de ella y la secuestró. Unos cuantos decían que tenía enemigos que la odiaban a muerte. Fuera como fuera, una mano arrancó aquella rosa dejando un poco huérfano el jardín. M...
Mala nueva
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Vive en las sombras de las madrugadas, en los efluvios de los hospitales y los jardines de los cementerios. Cuando pasa tan cerca y no repara en mi presencia, respiro con alivio y dejo que la sangre fluya. Pero cuando dice mi nombre con su voz antigua y quebrada, el alma tiembla desvalida. Sus folios amarillos nunca portan el vuelo de las mariposas blancas. Poema del libro Malos tiempos para ser sinceros (descargar obra completa) . Imagen de Tomasz Kowaluk en Pixabay
El reloj perdido
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El día que perdió el reloj creyó que iba a morir. Su vida se sostenía en aquella pequeña máquina que marcaba el pulso de lo cotidiano desde su primera comunión. No concebía la idea de salir a la calle con su muñeca izquierda desnuda, tan pálida en el lugar que durante años cubrió la correa. Había clavado miles de veces las pupilas en unas agujas que a cada vuelta le hacían envejecer. Encerrado entre las cuatro paredes de su habitación, esperó a que algo aconteciera. Cualquier cosa le hubiera venido bien para sacarle de ese estado de duelo en el que se había hundido, de esa angustia alojada en su garganta como un puñado de tierra. Se asomó al balcón y vio cómo el horizonte cambiaba: el rojo sangrante del crepúsculo fue la antesala de un lienzo oscuro que pronto lo tiñó todo. La noche llegó pese a que él ya no controlaba el paso de las horas. Decidió salir a respirar aire fresco. Necesitaba llenar sus pulmones del aroma peculiar de las calles. Era como caminar con los ojos vendados,...
Improbabilidades
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Busqué tu risa de aquel sábado en los anaqueles de mis recuerdos y la dispersé al viento de levante para pregonar mi feroz tristeza. Esperé algún milagro en el alféizar del amanecer. Mis puntos cardinales, tan confusos, nunca han sabido cuánto dura la ausencia eterna. Poema del libro Malos tiempos para ser sinceros (descargar obra completa) . Imagen de dima_goroziya en Pixabay
El afilador
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Una vez al mes la calle se llenaba del sonido del chiflo que tocaba con gracia el viejo afilador. Empujaba su bicicleta oxidada sobre el pavimento recién regado. Esto sucedía antes de que abrieran las tiendas, incluso antes de que los panaderos comenzaran su reparto diario. A las puertas y ventanas de las viviendas asomaban cabezas curiosas. Un nerviosismo creciente se esparcía como el humo. Todos querían ser los primeros y comenzaban las carreras inevitables. En unos minutos, una legión de chiquillos seguía los pasos lentos del afilador. No querían perderse el espectáculo antes de ir a la escuela. Después el hombre llegaba a la plaza y sujetaba la bicicleta. Hacía sonar su chiflo un par de veces más, por si quedaba algún despistado que desconociera su presencia. El eco de las notas rebotaba en las fachadas y penetraba en los oídos. Hombres, mujeres y niños formaban una larga cola. Esperaban pacientes a que el maestro del tradicional oficio atendiera sus encargos. Nadie rega...