La suerte de los dados
Los dados marcaron la cifra. No había ninguna duda. Se cruzaron las miradas, algunas incrédulas y otras crispadas, todas amenazantes. En el mundo solo parecía existir la mesa iluminada por una pobre bombilla. En aquella salita, caldeada por una estufa de butano, se mascaba la tensión. Fuera se escuchaba el viento invernal acompañado por una lluvia incesante. Le tembló la mano un poco. El que tenía a su derecha aprovechó el momento de incertidumbre para comprobar de nuevo la puntuación. Contó con los dedos una y otra vez. No había nada que hacer, todo parecía limpio. Por fin consiguió serenarse lo suficiente como para acercar la mano al tapete verde sobre el que descansaba el tablero. Esbozó una sonrisa ante la envidia que se respiraba. Su dedo índice rozó ligeramente la pieza roja para hacerla avanzar el número de casillas señalado. —¿Quieres terminar de una vez? —le dijo el mayor de todos fulminándole con la mirada. —Tres, cuatro y cinco… —respondió con cierta t...