"Malos tiempos para ser sinceros". Víctor M. Jiménez Andrada

Escribí Malos tiempos para ser sinceros entre 2009 y 2010. Es quizá mi libro más político y reivindicativo. Reconozco que las lecturas de entonces y los entornos en los que me moví también me condicionaron. Alguno de estos poemas se publicaron en diversos medios y formaron parte de mis recitales de aquella temporada. Después fueron llegando otros libros, con nuevas búsquedas y diferentes discursos. Pero con el paso de los años me he dado cuenta de que los temas que trataba entonces son intemporales y de que es necesario, más que nunca, seguir poniendo el dedo en la llaga, aunque moleste. Esta ha sido la excusa principal que me ha llevado a embarcarme en una profunda revisión del poemario, con sus correspondientes descartes, para cerrar esta versión, con bastantes variaciones respecto a la original, que considero definitiva a día de hoy.
 
No puedo dejar pasar la ocasión para recordar que unos versos de este libro (para ser sinceros / corren malos tiempos / para ser sinceros) fueron el detonante de una canción de Manuel Cobos, cantautor placentino y amigo, en la que colaboré con la letra. Mirar de nuevo a esta obra también me ha permitido recordar, no sin cierta nostalgia, una época que dejó una marcada huella en mí. Va dedicada a toda la troupe que nos juntábamos en La Machacona a recitar poemas, a beber cerveza y a arreglar el mundo. (Descargar libro en PDF gratis).
 


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"Comidas para llevar". Víctor M. Jiménez Andrada

La editorial Rumorvisual publicó Comidas para llevar en noviembre de 2011. Fue mi primer libro en solitario y supuso un acontecimiento muy especial para mí. Desde entonces han transcurrido casi doce años y ahora es el momento de reeditarlo en este formato. 

Al principio estuve tentado de añadir algún relato más, pero preferí no hacerlo y ser fiel al conjunto que entonces recopilé. He mantenido tanto los relatos como el orden en el que aparecieron, corrigiendo unas cuantas cosas. También he conservado el prólogo que me regaló la escritora Pilar Galán, siempre tan generosa.

Espero que estas historias despierten la curiosidad de nuevos lectores. (Descargar libro en PDF gratis)


"Dientes de sierra". Víctor M. Jiménez Andrada

La primera versión de Dientes de sierra se cerró en 2010 y se solapó con otro poemario, Malos tiempos. Tanto fue así que algunos poemas aparecen, con variaciones, en los borradores de ambos libros. Es el momento de colocar cada cosa en su sitio y de eliminar repeticiones y otros descuidos. Todas las piezas han sido revisadas, corregidas y modificadas; se han adaptado a mi visión actual, pero he procurado que no se pierda la referencia de su origen. A lo largo de los años, publiqué algunos de estos poemas en libros colectivos, en revistas o en internet. Aquí ofrezco ahora la obra completa, con una nueva piel. (Descargar libro en PDF gratis)



Presentación de "El archivero". Víctor M. Jiménez Andrada

 


Acaba de ver la luz mi nuevo libro, El archivero, editado por Norbanova. La presentación será el próximo sábado, 22 de abril, a las 18:00 h en la carpa de presentaciones de la Feria del Libro de Cáceres.

Sinopsis: Cada persona lleva en su interior un archivo que custodia los recuerdos con los que escribe su propia historia, íntima y personal. Una memoria que se construye día a día, de manera inconsciente, y que está condenada a perderse sin remedio, una vez que se culmina el ciclo de la vida. Pero, mientras tanto, el olvido aparece también con sus múltiples caras para morder con avidez aquello que se pretende conservar. Nos sumergimos entonces en una batalla sin tregua. El archivero es un recorrido, en prosa poética, en el que se invita a reflexionar sobre estos temas universales desde otra perspectiva, a través de la metáfora que representa ese archivo, intrínseco y único, que nos acompaña hasta el fin de nuestros días.


Presagio

 
Andrea deja que la tarde de primavera se derrame lenta, con los sonidos y los aromas dulzones que se cuelan por la ventana abierta y que lo invaden todo a su paso. Tantas huellas de vida desbordante la hunden aún más en sus pensamientos oscuros. Está sentada en su sillón de lectura y tiene en el regazo a Gus. Lo acaricia con cariño y el felino le responde con un ronroneo acompasado, se diría que impregnado de cierta tristeza. Unas lágrimas empañan sus ojos y hacen que la estancia tome un aspecto onírico y maldito. Se limpia con el dorso de la mano, en un movimiento brusco. El gato le clava una mirada ámbar que parece pedir perdón.
Ella había oído hablar de la intuición de los animales, de ciertos sentidos que el ser humano tiene opacados como contrapunto a la evolución, pero hasta hoy no lo había vivido.
Sucedió por la mañana. Benito llamó a la puerta. Pasaba cerca y se le ocurrió que era buena idea visitarla. Sabía que Andrea se levantaba temprano y se ponía a trabajar enseguida. No quería interrumpirla, pero conocía su costumbre de hacer una pausa para desayunar sobre esa hora. Llevaba unos churros que acababa de comprar. El paquete aún estaba caliente. Ella lo recibió encantada y se dispuso a preparar café para los dos.
Gus miraba a Benito con una desconfianza inusitada, no se acercó a frotarse con sus piernas, como solía hacerlo. Él intentó alargar la mano para acariciarlo, pero el animal evitó el contacto refugiándose bajo la mesa de la cocina. Cuando perseveró en el intento, el gato huyó a la carrera y se ocultó en algún rincón alejado, hasta que Benito se marchó. Andrea se extrañó de su comportamiento, era la  primera vez que sucedía algo así, aunque decidió no darle más importancia al asunto.
A media mañana el teléfono rasgó el aire con su estruendo insolente. El día se convirtió para ella en la espiral líquida que se forma en un sumidero y que arrastra todo a su paso. Entonces supo que Gus había percibido la sombra horrible que acechaba a su amigo. 



"Breve catálogo de esencias y venenos". Víctor M. Jiménez Andrada.

En 2010 cerré la primera versión del libro de microrrelatos Breve catálogo de esencias y venenos. Fui publicando la mayoría de los textos en diferentes medios, como el semanario Avuelapluma, revistas digitales, el libro coral Un rato para un relato (Cáceres: Rumorvisual, 2010), mi blog o redes sociales. Ahora publico el libro completo, con correcciones y algunos descartes necesarios, manteniendo, eso sí, la esencia de los textos originales y la pequeña introducción que escribí entonces. Espero que sea de tu agrado. Puedes compartirlo con las personas que quieras. (Descargar libro en PDF gratis)




"Cuaderno viejo". Víctor M. Jiménez Andrada

Desde niño, y hasta que publiqué mis primeros poemas en algunas revistas y antologías, llené varios cuadernos escolares con versos bisoños, en un proceso que intuyo común a todas las personas que tratan de cultivar el arte de la escritura. Con el tiempo, y con buenas dosis de benevolencia, rescaté cierto número de poemas para destilarlos con la intención de que no se perdiera la esencia de lo que entonces contaban, es decir, una parte de mi propia historia. Después de un trabajo lento, espaciado a lo largo de los años y de otros proyectos que se fueron intercalando, concluyo este Cuaderno viejo con lo que me pareció fundamental de aquellos primeros libros que nunca verán la luz. He desarmado cada poema, pieza a pieza, y montado de nuevo, incluso he fusionado unos con otros, en varios casos. Me atrevo a decir que algunos son irreconocibles si los comparamos con sus originales, pero creo haber logrado mi objetivo: no tirar a la papelera por completo esa primera etapa creativa de mi vida. (descargar libro en PDF gratis)





Hostal Maravillas

La habitación rezuma cierto olor a repollo cocido que se percibe bajo el manto denso del ambientador industrial. La cama, de noventa, tiene el colchón hundido por el peso de muchos cuerpos; más parece una tumba antropomorfa, que no deja de ser un lugar destinado al descanso. Al menos las sábanas están limpias, o eso aparentan.
Los rayos del sol de una tarde que canta su agonía se cuelan para delatar miles de partículas de polvo, que en vuelo azaroso brillan como el confeti de la fiesta más triste.
Han ahorrado durante dos semanas para alquilar la habitación por una noche que le proporcionará la intimidad imposible de conseguir en ningún otro rincón, por oculto o sórdido que fuera. Poco les importa que el baño sea un cuartucho compartido que apesta a orines al final del pasillo. Llevan una provisión suficiente de pañuelos de papel y de toallitas húmedas para asearse sin necesidad de salir.
Uno, con las manos temblorosas, busca en el dial de una radio desvencijada que reposa en la mesita de noche una emisora musical. La pone bajito, para que ningún huésped delicado rompa la magia con una reclamación inoportuna. El otro saca de la mochila dos latas de cerveza bien frías, que le han comprado al vendedor ambulante de la esquina, y las coloca con cuidado sobre un escritorio cojo que nunca ha vivido tiempos mejores. Interpretan cada uno su papel en un preludio bien ensayado.
Luego se sientan en el borde de la cama, se miran en silencio, se sonríen con timidez y beben cerveza a sorbos cortos mientras contemplan con desgana el cuadro desvaído de un paisaje marino que cuelga torcido en la pared. Esperan con cierta impaciencia a que llegue el momento tan deseado.
Llaman a la puerta. Tres golpecitos casi inapreciables, silencio y otros dos golpecitos, silencio y un golpecito más. Es la contraseña pactada. Se incorporan los dos a un tiempo. Una amalgama de miedo y emoción fluye por sus venas. Se abrazan antes de abrir la puerta, a modo de celebración anticipada y espontánea.
El intercambio es muy rápido y a penas ven su rostro, que cubre la sombra de la capucha que no se ha quitado en ningún momento. Un fajo de billetes pequeños por una bolsa de plástico que ni siquiera examinan para comprobar su contenido. No lo hacen hasta que no vuelven a sentarse en el borde de la cama, con la puerta bien cerrada.
Sacan el libro. No les han engañado. Es uno de los pocos ejemplares que se salvó de la quema. Durante las próximas horas podrán leer los textos prohibidos y tomar anotaciones antes de destruirlo para que no les condene, como ha condenado a tantos.

Convención de ventas

Hay una convención de vendedores en la playa. Aparcan sus «vehículos» junto a la orilla. Las carretillas de mano, de las que se usan en las obras, se convierten en el medio ideal para transportar por la arena las pesadas neveras de corcho cargadas de latas y botellas. Charlan un rato, todos parecen de la misma familia. Luego se despiden con efusión y cada uno toma su camino. Mientras empujan las carretillas bajo el sol abrasador de julio, tocan el silbato para llamar la atención y a veces pronuncian sus monótonas arengas comerciales. Un tal Miguel lleva la voz cantante. Los demás han tomado la ruta que les ha indicado. Nadie sabe, ni siquiera su madre, que echa la buenaventura cerca del puerto a los turistas, que para él será el último día de su vida.

Al caer la noche se implica en una reyerta por defender a un primo metido en un asunto de drogas. Hablan las navajas y las pistolas en un combate desigual.

Una semana después otros brazos llevarán la carretilla. Su madre traspasará el negocio. Las lágrimas son inútiles contra el hambre. A Miguel ya todo le dará igual.

El pálpito del castro

Estas piedras de mis ancestros
permanecen en la colina.
Sobre la tierra erosionada
late la Historia (la de siempre).
 
Pasado que regresa
si el canto suave de la brisa
me acaricia con olor a hierba.
 
Una vez por allí corretearon
niños; y las madres lloraron
cuando marcharon a la guerra,
para no volver nunca
o para volver con la inocencia
mordida por la sangre de otro hombre.
 
Tiene el lugar algo de sagrado,
algo de templo,
un vuelo de libélula
más allá de la fe.