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Un oficio sospechoso

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Nunca tuvo muy claro a qué se dedicaba su padre. Él hablaba de «sus negocios» en un tono enigmático. Jamás se le ocurrió preguntarle, pero siempre le pareció sospechoso que a diario saliera a atender esos asuntos a partir de las diez de la noche.  El niño se levantaba para ir al colegio. Si había suerte, se cruzaba con él, que en esos momentos regresaba al hogar. Su madre le servía la cena en la cocina, mientras el chico tomaba leche con magdalenas para desayunar. Apenas hablaban. Después, el hombre se retiraba al dormitorio; el muchacho cargaba con la mochila y ponía rumbo a la escuela.  Cuando fue un poco más mayor, empezó a leer novelas y a ver películas de policías y ladrones. Entonces lo tuvo claro: su padre era un gánster.  Durante esa temporada lo admiró como nunca. Aquel hombre taciturno habitaba en el peligro y se ganaba la vida al margen de la ley.  No fue hasta su adolescencia cuando se atrevió a preguntarle a su madre. «Empleado del servicio municipal de ...

Off

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No comprendo el deleite que provoca cuando defeca. Los residuos penetran en los sesos y se extienden como una enfermedad. Luego las bocas vomitan la basura digerida y así se comparte en ciclo infinito. Pero huir es tan fácil como pulsar el botón OFF. ¿Estamos preparados? Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Rafael Zenatti Zenatti en Pixabay

Las virtudes de la propiedad conmutativa

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Me acosté con el marido de la que era mi mejor amiga, que entonces aún no lo era. Les presenté en una fiesta en la que coincidimos los tres. En aquellos días él era mi prometido y llevábamos un tiempo compartiendo sábanas y sueños de un futuro en común. Aquí, como en tantas cosas, podemos aplicar la propiedad conmutativa que dice que el orden de los factores no altera el producto. Lo irrebatible es que me acosté con él, que ahora es el marido de la que fue mi mejor amiga. ¿Cuándo se derrumbó todo? Aquel final sucedió entre turbulencias. Intenté actuar como una persona civilizada, aunque siempre me adelanté a sus movimientos sospechosos. Cada vez que me olía algo me iba de copas y me cepillaba al primero que se me ponía a tiro, por eso de compensar la traición.  No les guardo ningún rencor, es verdad. ¿La policía? Un calentón lo tiene cualquiera. Después de veinte años hay cosas que todavía joden: la sonrisita cuando se cruzaron conmigo en la calle, el saludo en un tono tan burlón, ...

Teorizar

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Es fácil para ti y para mí remendar las desgracias con la lengua. Pero ni tú ni yo —ni nadie— cargamos los sacos ajenos sobre nuestros hombros tan delicados. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Canislupus en Pixabay

Perseguido

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Estaban tan cerca que podía oler la pólvora que los impregnaba. El crujido de las ramas lo puso en alerta. Tuvo el tiempo suficiente de esconderse con premura detrás de unas piedras. Sabía que no había piedad para el que asomara la cabeza. El miedo se apoderó de su cuerpo. Tenía que regresar a su hogar; allí estaban los más pequeños, indefensos, a merced de aquellos torturadores a los que no les temblaría el pulso si llegaban a descubrirlos. Salir del refugio, correr, localizar a sus hijos y escapar de nuevo, como tantas otras veces. Era la única alternativa. Percibía sus voces en susurros, el roce metálico de las armas y las hojas quebradas bajo la suela de sus botas.  Esperó muy quieto, respirando muy despacio, hasta que le pareció que se alejaban. Entonces salió a toda prisa de su cobijo, en dirección contraria a la que se encontraban los hombres. Sintió la brisa y aspiró de nuevo la libertad. Una voz se alzó sobre cualquier otro sonido: —¡Ahí está! El disparo tronó mientras una...

Buitres

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Detesto las artes inmundas de los buitres cercanos, aunque habito en sus nidos, visto sus plumas grises y, con hambre, rebaño su carroña.     Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de George en Pixabay

Hablar por hablar

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Las palabras se esparcen por mis labios impertinentes. Los diques no contienen el chapapote venenoso. Cuando pasa la tempestad, mis pies se clavan en el fango en mitad de un hosco paisaje. No sé dónde guardar tanto arrepentimiento. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Engin Akyurt en Pixabay