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El desertor

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Me arrepiento del oficio de catalogador de almas, que con tan mala fortuna ejercí. Cuando paso junto a la puerta del negocio y los veo cuchichear en voz baja, un terrible escalofrío me recorre. Sé que me han clasificado y pronto me lo harán saber. Quedaré para siempre atrapado en el mismo rincón del infame archivo, pero ya no tengo miedo. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Anna en Pixabay

Valor

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 Al héroe le flaquearon las piernas cuando le sacaron al patio para fusilarlo. Se orinó encima al cubrirle el rostro con una capucha negra. Gimió, lloró y pidió clemencia a gritos antes de que se oyera la orden fatal. Nada de esto se recogió en el parte de aquel día, que se cerró con la frase tantas veces repetida: «El condenado ha fallecido con valentía y honor».  El sargento y los soldados que formaban el pelotón conocían el rostro de la muerte y el roce helado de sus dedos. Nadie se atrevía a jactarse ante un trance así. Con los tiempos que corrían, cualquiera podía ser el siguiente. Microrrelato del libro  Tornillería surtida   (descargar obra completa) . Imagen de Republica en Pixabay

No fui a la fiesta

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Huí de las sonrisas, de los aplausos y del susurro de su voz. Me aparté de las caricias doradas y de toda promesa. Abandoné los sueños de las alforjas llenas. Feliz, me agazapé en mi madriguera. Aprendí que en sus fiestas marcaban con hierros candentes la piel incauta de los corazones. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Pia Nyström en Pixabay

Tarde de fiesta

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Cuando el toro sacó el cuerno de su abdomen, supo que apenas le quedaban unos segundos de vida. Aún pudo ver cómo varios hombres corrían hacia él para auxiliarlo. Mientras tanto, el animal acudía a la llamada de unos mozos al extremo opuesto del recinto improvisado con varios carromatos de madera. Los gritos del público fueron las trompetas de su apocalipsis particular. Quiso decir algo desde el suelo, antes de que lo recogieran, pero un vómito de sangre ahogó lo que hubieran sido sus últimas palabras. Después cayó en la espiral profunda que conduce al abismo de la nada. Media hora antes había dejado a Mariola en su casa, tras el baile de la tarde. Ella había aceptado la petición de matrimonio y valoraron fechas posibles para el acontecimiento. Luego se marchó con los amigos a celebrarlo a la plaza.  Al día siguiente la dicha se tornó en luto tanto en su hogar como en casa de su novia. Todos lloraron la desgracia, menos el padre de Mariola. Se encerró en la bodega y dio buena cuent...

Esperanza

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Cristales rotos por el suelo se clavan en tus pies. A punto de desmoronarte, los ojos, inundados de tinieblas, olfatean la hierba fresca de los campos de golf. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Marc Pascual en Pixabay

Animal

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No hubo forma de quitarle la muñeca de las manos. La apretaba con tal fuerza que ni el más robusto de los hombres fue capaz de arrancársela. Los miraba con un odio animal que espantaba. Un rencor de hembra a la que le acaban de arrebatar a su cría. Sus ojos habían agotado las lágrimas en los días previos. Ahora solo anidaba en ellos el fuego primitivo de la venganza. La arrastraron al maletero de un vehículo y allí la encerraron. Circularon a gran velocidad por una carretera de firme irregular. Ella recibía en su cuerpo los latigazos de cada curva. Conocía su destino; se habían encargado de recordárselo: una zanja en mitad del bosque, un disparo en la frente y una capa de cal viva. Después el olvido. Nadie la echaría de menos. En un segundo se produjo el impacto. Varias vueltas de campana la dejaron aturdida, pero el portón del maletero se abrió cuando el coche se detuvo. Salió tambaleándose, ilesa de milagro. La fiera estaba libre y pronto lo iban a saber. Microrrelato del libro  ...

Migajas

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Nos arrojan al suelo las migajas de los banquetes untadas en falsas promesas y en bisutería barata. Lamemos la mano del amo colmados de felicidad y vacíos de la razón. En la noche nos arremolinamos ciegos de miedo. No sabemos que el lobo que nos da de comer es el mismo que cada día sin piedad nos devora. Poema del libro  Malos tiempos para ser sinceros   (descargar obra completa) . Imagen de Daniel Reche en Pixabay