Un segundo
Pretende volver a su pasado más reciente; a ese segundo previo en el que la advertencia se pierde en el aire estéril. Justo antes de los gritos y de la sangre diluyéndose en el agua. Desea despertar de la pesadilla, como tantas veces hizo de niño, pero sabe que la realidad le ha arrancado los párpados para que no se pierda ni un detalle del dolor al que está condenado. Los cimientos se le han derrumbado como un castillo de naipes, y con ellos las agendas habitadas de miles de propósitos.
Desde el primer momento fue consciente de que algunas aves emigrarían a tierras más tibias, tal vez las más amadas. «¿Pero quién soy yo para exigir el estigma de la jaula?», se pregunta. Su prisión solo a él le pertenece, por muchos afectos que reciba. Al amanecer se levantará para sentarse en una silla de ruedas. Cada día y cada hora escuchará esa voz que le reprocha haber dado aquel último salto fatídico.
Microrrelato del libro Tornillería surtida (descargar obra completa).

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