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Vaya mierda (9)

El cuerpo humano está diseñado para no perci­bir el mal olor en la mierda propia. Esa rara cualidad nos hace amar, de alguna manera, todo lo que sale de nosotros, aunque sean inmundi­cias. Por la misma razón, despotricamos de los demás, que tampoco cagan flores precisamente. Montamos en cólera cuando entramos en un baño detrás de otra personas y recibimos un gancho directo en nuestro olfato. Gritamos me­dio asfixiados: “¡Dios mío, qué oló!” (así sin erre), como si lo nuestro fuera ambrosía. Esta vara de medir diferente, esta subjetividad que nos hace juzgar con dureza pecados que tam­bién cometemos, es lo que más me preocupa, por muchas risas que nos entren.

Vaya mierda (4)

No me gusta decir eso de: “Esto es una mierda”. Sobre todo si me lo tengo que llevar a la boca. *** Mal vamos cuando decimos que pisar una mierda trae suerte. *** Gracias a mi buena estrella, solo he estado hasta el cuello de mierda metafóricamente. Así y todo, confieso que lo pasé mal. Las metáforas manchan y huelen, aunque no lo creamos posi­ble.

Vaya mierda (3)

Casi lo primero que hacemos al venir al mun­do es cagarnos encima, después la cagamos con naturalidad pasmosa (algunos casi todos los días y sin necesidad de laxantes). Finalmente, viejos y hechos una mierda, volvemos a cagar­nos en los pantalones para cerrar el círculo existencial.