miércoles, 5 de agosto de 2020

La gallina ciega

Por jugar a la gallinita ciega, pisé donde no debía.

Hay minas que sin explotar matan y palabras que, sin pronunciarse, se clavan como las espinas en el corazón tierno de las moras.

Hoy juego con algunas trampas y no me cubro los ojos del todo.

He aprendido que de poco vale la honestidad en la ribera de los ataúdes.

jueves, 30 de julio de 2020

085- Cosas que llevo en el bolsillo

Ahorrar energía
para un «por si acaso»
es asegurar el festín
de los gusanos.

Espero no arrepentirme nunca
de lo que dejé por hacer.

sábado, 20 de junio de 2020

Otro alijo que no llega al mercado


Han interceptado otro alijo de sueños en la aduana. El camello que lo llevaba oculto en sus intestinos no pudo evitar una mueca burlona al ver la cara avinagrada de los policías.

Escasean los profesionales del trapicheo en el bulevar donde habitan los versos que inflaban las velas. No es oficio bien pagado.


Las autoridades rellenan cohetes con la mercancía decomisada.

En los días de fiesta, el colorido de los fuegos artificiales moldea la sonrisa de esos idiotas que al hecho de respirar lo llaman vida.

lunes, 15 de junio de 2020

viernes, 5 de junio de 2020

Por qué maté al patito feo

Mi problema con el patito feo no fue el collar de complejos que lucía en su cuello de cisne, ni las llamadas de teléfono a altas horas para escuchar un manojo de lamentos, ni siquiera que me usara como espejo mágico para reafirmar los cimientos estúpidos de su belleza.

Mi problema fue el brillo de sus plumas blancas deslumbrando mis ojos de topo en mitad de la noche ¡y eso no hay quien lo soporte! 49

sábado, 30 de mayo de 2020

83- Cosas que llevo en el bolsillo

No disfrutar del viaje
es la condena del que piensa
que todos los caminos
son equivocados.


La felicidad no es un punto
inalcanzable en el horizonte,
sino el polvo que acumulan
los zapatos viejos.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Límites

Hace abriles no creía en las fronteras.

¡Ciudadano del mundo! (me decía con la ingenuidad de las corolas).

Hoy tengo un rotulador negro (de punta gruesa) para señalar bien los límites sobre el papel.

A veces me mancho los dedos de tinta (daños colaterales).

Dicen que mostrar los mapas a quienes desconocen la tierra que pisan no es desafiar al metal de las espadas.

viernes, 15 de mayo de 2020

82- Cosas que llevo en el bolsillo

Con una sonrisa amable,
y mirando a los ojos,
he aprendido a vender
la falsa honestidad
de las manzanas podridas.


En cien años
nadie recordará esta mácula.

martes, 5 de mayo de 2020

El oficio de pastelero

El pastelero del crepúsculo caza ángeles extraviados para arrancarles mechones y cocerlos con azúcar.

Su especialidad es el dulce de hojaldre aderezado con tatuajes de anhelos, vueltas de hojas y tuercas de relojes.

En la calle se extiende, como una masa aplastada por el rodillo implacable, el aroma delicioso del obrador.

Es fácil caer en las tentaciones cuando se adornan de crema, chocolate, cerezas confitadas y señales de prohibido el paso.

lunes, 20 de abril de 2020

COMB(in)A

Mezcló en una batidora:
la pelota desinflada, una navaja con sangre, el rosario de la primera comunión, un libro con tapas mohosas, un bote de purpurina, el pañuelo de los días de luto, el reloj de arena de los duendes y una pila gastada.

Le pareció que aquello estaba bien y, para ser fiel a sus principios, se ahorcó con la misma comba con la que jugaba de niña.

sábado, 18 de abril de 2020

Al final del pasillo

El muchacho miraba al interior de la habitación de invitados a través de la puerta entreabierta. Era tan cuidadoso como un cazador furtivo. Llevaba algunos días merodeando por allí, cuando sabía que todos estaban dedicados a sus tareas y que no sería sorprendido ni interrogado por su comportamiento. Desde la oscuridad del pasillo, distinguía sin dificultad la cama deshecha. Por la ventana lateral penetraba un manantial de luz, regalo de un sol recién nacido de primavera. La oía moverse, pero aún no ocupaba el espacio que abarcaba su campo visual. La voz, femenina y dulce, tarareaba una vieja canción de amor, que alguna vez le oyó a su madre. El deseo le aceleró el pulso y un sudor cálido le envolvió. Como en un fulgor, la mujer apareció desnuda frente a sus ojos. Le ardieron las mejillas con unas llamas desconocidas hasta ese instante, a la vez que una agradable sensación de mareo se apoderaba de su cabeza y debilitaba sus piernas. Entonces, un rumor a su espalda lo asustó y huyó hacia el final del pasillo sin que sus pisadas le delataran. Volvió la vista atrás y vio a Boliche, el viejo gato de la casa, atravesar sigilosamente las sombras. En sus fauces llevaba un pajarillo que, en plena agonía, aún movía las alas.